Sunday, December 28, 2008

Hunting Clouds




Levanta un poco la cabeza. La tarde es oblícua por donde se la mire. Chispas naranjas sobre manchas púrpuras y azules. Bordes dorados, metálicos. Nubes de lata.
Así es como el año prefiere escaparse. Esta es la rendija por la que se filtra. El sol ahogado dispara rayos inútiles. La tarde se duerme en su propia decadencia. Salpicones naranjas sobre las baldosas, sobre el árbol, las rejas, la terraza. Un perro revuelve los desperdicios ahí donde el día comienza a ser noche, un nacimiento azul, brillante.

Los pájaros, de a dos, de a tres, de a cuatro, cortan la crema de nubes y huyen hacia el atrás del mundo. Las construcciones contrastan en sus geometrías con el cielo. Techos rectos y chatos sobre torbellinos de colores, desgarrados por la brisa, por el sol, por las lluvias. Hacia el sur, las nubes se deshilachan hacia abajo, lloran, llueven, se disuelven lentamente. Al Este, el fuego ya se extinguió, y naves oscuras dominan el cielo. A sus anchas, se estiran de punta a punta, las ballenas de la tarde.

Las sombras se apoderan de todo, siempre que el sol se pierda, desaparezca. Siempre que, como siempre, ya no vuelva.

Grandes masas pastan por el norte. Contienen batallas, tempestades, dioses coléricos, barcos, y almas que las navegan. Universos plomizos en su corteza, y amarillentos en su parte más elevada. Parásitos azules, diminutos, merodean. Ya es difícil imaginar que fuera de eso, las puertas siguen abriendo y cerrando, el monitor pestañea fuegos enceguecedores, el ventilador traqueta inutilmente, y ella otra vez ausente, fuera de casa, en un intento de vivir la naturalidad de los vaivenes de seres humanos repletos de errores.

Espera un poco antes de disparar su última foto, antes que todo el circo montado aúlle un trueno distante, un brillo moribundo, y un fin de día, mes, año, vida, lo consuma todo.