Mucho se dice sobre esta gran instalación que comenzará a funcionar mañana, para (según pocos) ya no funcionar nunca más. La cosa es que realmente no es algo que esté al alcance de todos comprender. Yo no entiendo bien cómo funciona, qué hace, y en el peor de los casos, qué problemas puede traer. Algunos, como siempre tiran la peor.
Sólo espero que si, mañana es nuestro último día, al menos baje el precio del pimiento rojo, se pueda conseguir Red Bus en cualquier quiosko, los vehículos frenen detrás de las sendas peatonales, y que el 80% de los argentinos vuelvan al agujero negro del cual salieron.
